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miércoles, 8 de abril de 2009

UNA NUEVA CULTURA DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL

Una nueva cultura de Cooperación Internacional
POR :Vicente Fox Quesada
La globalización que caracteriza al mundo de nuestros días es fuente de enormes oportunidades para el desarrollo de todas las naciones. Conlleva, también, importantes retos. Aprovechar las primeras y hacer frente de manera exitosa a los segundos requiere de una cooperación internacional revitalizada, como la que tiene lugar en Iberoamérica.Hoy, Iberoamérica es impensable sin Europa, y Europa sin Iberoamérica. Y ello no sólo porque España y Portugal son parte integral de la Comunidad Iberoamericana, sino también porque los pueblos brasileño, mexicano y todos los que conforman el rico mosaico latinoamericano forman parte de esa misma comunidad de valores, intereses y objetivos. Interdependencia y corresponsabilidad
La interdependencia de las naciones se manifiesta de modo privilegiado, más no exclusivo, en la esfera económica. Es evidente que males como el narcotráfico o el terrorismo, al igual que la sobreexplotación de los recursos naturales o la contaminación del planeta, no son problemas que puedan ser resueltos por unos pocos países. En la medida en que afectan a la comunidad internacional en su conjunto, hallarles una solución es responsabilidad de todas las naciones.De la misma manera, las desigualdades económicas y sociales en y entre las naciones —la ausencia de un desarrollo económico, político y social que beneficie a cada uno de los seres humanos— se han revelado como un importante factor de inestabilidad y atraso global que, por lo mismo, exigen la atención y el compromiso de todos los países. Hoy es claro que, en un mundo globalizado, no habrá desarrollo sostenido si éste no se genera de manera conjunta y beneficia a cada miembro de la comunidad humana. La conciencia de que no hay desarrollo autárquico posible, así como la necesidad de superar los desafíos compartidos, han abierto la puerta a nuevas e inéditas oportunidades de acercamiento y trabajo en equipo entre las naciones. Un buen ejemplo de lo anterior es la cooperación para el desarrollo impulsada y sostenida, a lo largo de casi tres lustros, por los países de la Comunidad Iberoamericana. Establecimiento y consolidación de la Comunidad IberoamericanaEn 1991, en la ciudad mexicana de Guadalajara, se dio nacimiento al concepto de una Comunidad Iberoamericana de Naciones, basada en las afinidades históricas y culturales de nuestros pueblos, en la riqueza de sus orígenes y de su expresión plural, así como en el compromiso común con la democracia, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales. Año con año, la Cumbre Iberoamericana, las múltiples reuniones vinculadas con este encuentro de líderes políticos de los países participantes, así como los programas concretos de cooperación puestos en marcha, han desarrollado y fortalecido un nuevo sentido de pertenencia iberoamericana en nuestras naciones. No se trata de un logro menor. Isaiah Berlin, uno de los más lúcidos pensadores del siglo XX, sostenía que pertenecer a algo era más que la sola posesión de un territorio o el formar parte de un Estado. Para él, el sentido de pertenencia radicaba en el hecho mismo de poder ser comprendido. Y agregaba que “...ser comprendido significa compartir un pasado común, sentimientos y lenguas comunes, supuestos comunes, la posibilidad de comunicación íntima; en suma, compartir formas de vida comunes”. Hoy, además de reconocer que compartimos un acervo cultural y de valores, las mujeres y los hombres iberoamericanos hemos logrado comprendernos mejor, descubrirnos de manera íntima y recíproca, creando así un nuevo sentido de pertenencia común.El gran escritor José Saramago señaló, en 1999, que “no hay identidad iberoamericana, sino una gran riqueza de diferencias que a veces son complementarias y a veces son contradictorias”. Con base en esa riqueza, acercando las diferencias y multiplicando las convergencias, a lo largo de 13 años hemos logrado construir y defender una visión específica y propia de lo que somos y de lo que queremos; hemos logrado, también, proyectar a Iberoamérica como un actor central en el debate y la conformación del nuevo sistema internacional. Sin duda, la consolidación de nuestra Comunidad exige hoy lograr que el nuevo sentido de pertenencia común se transforme en una identidad iberoamericana, compartida y defendida por cada uno de los habitantes de nuestras naciones; una identidad asentada en el orgullo de trabajar unidos por alcanzar formas y niveles de vida acordes con nuestras aspiraciones.
Es de esperarse, asimismo, que el establecimiento de nuestra identidad común consolide y amplíe los espacios de acción e influencia que Iberoamérica ha ido abriéndose en el escenario internacional. La cooperación iberoamericana para el desarrollo La cooperación es el instrumento por el que se expresa la comunidad iberoamericana de valores, objetivos e intereses. En la Cumbre de Guadalajara, propusimos a la comunidad mundial “una nueva cultura de cooperación internacional como única vía para alcanzar un mundo estable y justo”.Y el buen juez por su casa empieza. De inmediato unimos nuestros esfuerzos de cooperación bilateral, regional y multilateral. Año con año, nuestros países han revisado el estado de la situación internacional, y unido su voz en defensa de la vigencia del derecho internacional y de las normas de convivencia y justicia internacionales. Hemos señalado, de manera conjunta, la necesidad de crear un entorno mundial de paz, seguridad y desarrollo; un entorno que fomente el crecimiento económico y el bienestar; que permita el libre intercambio comercial; que ponga un alto al deterioro ecológico; que, en suma, nos permita superar la pobreza, la guerra, la intolerancia, el hambre, la enfermedad, la degradación ambiental y la ignorancia.Además de nuestras convergencias en asuntos de interés global, hemos desarrollado programas concretos de cooperación, fundamentalmente en el área de la educación. Ya en Guadalajara, en 1991, reconocimos que: ...“nuestras aspiraciones de desarrollo económico, social, tecnológico y cultural requieren de un impulso decidido a la educación y la cultura que, a la vez que fortalezca nuestra identidad, nos permita bases sólidas para asegurar la inserción adecuada de nuestros países en un contexto internacional caracterizado por la innovación científica y tecnológica”. Ello habría de marcar la tendencia seguida en los años siguientes: la educación, la ciencia y la cultura se convertirían en la piedra angular de la cooperación iberoamericana. De los cinco programas concretos de cooperación adoptados en la Cumbre de Madrid (1992), cuatro se referían a cuestiones educativas y de ciencia y tecnología. Posteriormente, en la Cumbre de Cartagena de Indias (1994), nuestros países señalaron que la cooperación debía “hacer énfasis en la articulación de una comunidad científica iberoamericana...”. En 1995, en Bariloche, al comprometernos a impulsar la integración de la Comunidad Iberoamericana, destacamos que ello requería del fomento de “una auténtica cooperación educativa y cultural entre todos nuestros países”. Sin abandonar el fuerte impulso a la cooperación en educación, ciencia y cultura, las Cumbres Iberoamericanas de 1996 y 1997 abrieron nuevos espacios a la acción conjunta de nuestros países en materia económica y social: cooperación para el impulso a la pequeña y mediana empresas, la preservación y difusión de la memoria histórica común, y acciones localizadas en favor de la disminución de la pobreza, entre otras iniciativas. En 1998, en la Cumbre de Oporto, se introdujo, por primera vez de manera expresa, el concepto de “una cooperación para el desarrollo” entre los países iberoamericanos. Ahí señalamos que esta cooperación debía incorporar a las más diversas instituciones iberoamericanas y, a través de sus acciones, fortalecer el respeto a los derechos humanos y a la democracia como forma de vida. En Oporto, los países iberoamericanos acordamos la creación de una Secretaría de Cooperación, misma que quedó constituida en 1999 y que, en un gesto de generosidad que mucho reconocemos el pueblo y el gobierno de México, ha sido encabezada por un diplomático mexicano. En la Cumbre de San José de Costa Rica, a celebrarse en noviembre de 2004, daremos un paso adicional para la institucionalización de nuestros trabajos y de nuestra cooperación al aprobar los estatutos de la nueva Secretaría General Permanente, nombrar a su titular y elegir la sede física de esa secretaría. La cooperación es el ejeEl papel de la cooperación en la construcción de la Comunidad Iberoamericana de Naciones ha sido y seguirá siendo central.
En lo personal, además de reconocer los avances logrados, también he señalado lo que, a mi parecer, son los retos de Iberoamérica; el principal de ellos lograr que cada mujer y cada hombre sea partícipe y beneficiario del desarrollo. Asimismo, he hecho un llamado a la necesidad de que nuestra Comunidad influya, de manera decisiva, en la conformación del nuevo orden global. Estoy convencido de que nuestras naciones tienen la capacidad y la autoridad para intervenir, no sólo en la concepción, sino también en la realización de un mundo en el que se reconcilien lo ideal y lo factible. Ello exige una profundización de nuestra cooperación en temas de interés global. Este proceso ya se ha iniciado. Así lo demuestran tanto las declaraciones finales de las cumbres de Bávaro, República Dominicana (2002), y Santa Cruz de la Sierra, Bolivia (2003), como las acciones de cooperación desarrolladas en los últimos años. Es preciso continuarlo y fortalecerlo. Deseo destacar, como signo característico de nuestro trabajo de los años más recientes, la voluntad de promover e intensificar las relaciones de cooperación entre nuestras naciones, no sólo a nivel gubernamental y más allá de los temas propiamente iberoamericanos, sino también en el amplio ámbito de la sociedad. Sin duda, la incorporación y/o adopción de iniciativas de cooperación provenientes del sector privado o de la sociedad civil abona a la construcción de una comunidad en su sentido más extenso. Así, con visión de futuro, se renueva y revitaliza el compromiso de cooperación adoptado en 1991. El camino recorrido de Guadalajara a San José ha sido fructífero, pues además de haber ampliado las vías y los temas de cooperación iberoamericana, también ha profundizado la reflexión y acción conjuntas en una cuestión central para el desarrollo, la educación, como lo confirman el tema central escogido para la XIV Cumbre Iberoamericana, educación para el progreso, y la decisión de declarar al 2005 como Año Iberoamericano de la Lectura. En México sabemos que, a mayor educación, mayores oportunidades personales y sociales de crecimiento y desarrollo. Por ello, mi gobierno ha hecho de la educación el pilar de nuestro esfuerzo en favor de un desarrollo humano; un desarrollo que beneficie a todos por igual. Por esa misma razón, hemos apoyado e impulsado los esfuerzos de cooperación que, en materia de educación, sostiene la Comunidad Iberoamericana. El iberoamericano, un diálogo ejemplar En esencia, la democracia es diálogo: un debate abierto y libre, en donde la opinión de cada uno de los participantes tiene la atención y el respeto de los demás, y en donde la convergencia de valores y objetivos hace posible la toma de decisiones en aras del bien común. Sólo la democracia permite y propicia un diálogo intenso, con libertad y tolerancia, capaz de acercar visiones diferentes y de traducirse en acciones decididas para maximizar y multiplicar las oportunidades derivadas de la convergencia. Sólo la democracia permite el florecimiento de una cultura de la cooperación. Octavio Paz señaló hace tiempo que México debía inventar su propia modernidad. Los mexicanos, junto con el resto de los pueblos iberoamericanos, tomamos la palabra al poeta y decidimos recrear a nuestras naciones. La modernidad que nos hemos dado incluye un diálogo ejemplar, basado en los valores fundamentales que compartimos, en particular los que provienen de nuestro compromiso con la democracia, la defensa y el respeto de los derechos humanos y la búsqueda de un desarrollo amplio y justo no sólo en el interior de las naciones sino también entre ellas. Este diálogo democrático nos ha permitido sentar las bases de una identidad compartida y construir un nuevo espacio internacional para la Comunidad Iberoamericana de Naciones. Con imaginación, determinación, unidad y trabajo, nuestra comunidad ha abierto nuevos cauces a la cooperación mutuamente benéfica. Hoy, reiteramos al mundo nuestra convicción de que sólo una nueva cultura de cooperación internacional permitirá el advenimiento de una era de paz, prosperidad y justicia para la humanidad.

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